lunes, 29 de octubre de 2012

Popayán hoy (Entrega 9) El Partido Verde. Un asunto liquidado





Itinerario y frustración de una sede

Desde antes de la elección presidencial, en Popayán, se presentaron celos de liderazgo y oportunismo político. La Dirección Nacional del Partido cometió el error de no respaldar hasta el final, y después de las elecciones, a la sede Macondo que había aglutinado, a la víspera de las elecciones, el trabajo político. 

Primero optó por apoyar a Fabio Arévalo en la intención de abrir una sede más grande. Posteriormente, ante los conflictos surgidos allá, entregó la dirección a Compromiso Ciudadano, en cabeza del matemático Carlos Trujillo, dizque porque era matemático y había sido compañero de estudios de Mockus, pasando por alto el hecho de que ese grupo político carecía de fuerza electoral en Popayán y el Cauca (el guarismo obtenido por Fajardo para consulta presidencial fue de 1200 votos en todo el departamento). 

Además, fuimos objeto de desorientación telefónica, por ejemplo de aquella burlona mujer, quien dijo llamar desde la “oficina del Dr. Muñón, de la Dirección Nacional del Partido”, haciendo afirmaciones que nos pusieron en contradicción; en las cuales caímos por buena fe. También la supuesta entrevista de Semana y otros chismes que generaban discordia entre nuestros compañeros de activismo.

La sede Macondo recibió cerca de 15000 visitantes de la geografía caucana, organizó una base de datos con más de 6000 simpatisantes, gestionó los Testigos Electorales, el Gerente del Día Electoral y el Abogado Electoral e Interactuó permanentemente con la Dirección Nacional. Sin embargo, a partir de la nueva subgerencia nos olvidaron del todo. Por ello, una vez perdidas las elecciones, asumimos un rol crítico, desde lo propositivo hasta nuestro retiro final con un adiós al Partido. 

Nuestros escritos muestran los defectos estructurales del Partido que lo incapacitan para ejercer una misión política relevante en el presente y el futuro de nuestro país. Esos análisis fueron premonitorios, cumpliéndose casi a cabalidad. La  renuncia de Mockus y el ingreso del Partido Verde a la Unidad Nacional, constataron la verdadera orientación del Partido, como EMPRESA ELECTORAL Y BUROCRÁTICA. Los títulos de nuestros artículos así lo indican (Una oportunidad perdida. El partido verde regresa a sus minorías –Diatriba contra la cúpula del partido verde, el año de la langosta. -El partido verde sin ola verde - El partido verde, de populoso río a riachuelo - El movimiento verde perdido en la farándula de los famosos - El partido verde lejos de llegar a constituirse en un partido nacional - Derrota electoral, moral y política del partido verde - El partido verde: un asunto de estrellas y farsa nacional, etc.

Es importante que los seguidores del Partido Verde conozcan el meollo de este asunto, para evitar la manipulación  con falsas expectativas de los nuevos empresarios políticos bogotanos.
A continuación transcribo uno de esos artículos que podría servir de síntesis.

EL PARTIDO VERDE. UN ASUNTO DE ESTRELLAS Y FARSA NACIONAL 

(Este artículo fue escrito mucho antes de la salida de Antanas Mockus del Partido Verde y del ingreso de éste a la Unidad Nacional del gobierno de Santos. Archivo de mi blog PARTIDO VERDE COLOMBIA:CRITICA-abril 21 de 2011)

Parte I. un proceso fallido desde la médula 

El Partido Verde Opción Centro nace en Colombia el año 2007 en la mente de uno o varios “emprendedores” (palabra usada con toda la carga de sentido en el campo empresarial). Se diría que fue una idea “brillante” la de anclarse en algo ya hecho en países europeos u occidentales como gustan llamar nuestros intelectuales, de donde llegaron la conquista, la religión, el idioma, la revolución, y todas las modas intelectuales que han alimentado nuestra condición colonial y postcolonial. Era sensato en términos de cálculo político y con la emergencia a primer plano del tema ecológico, proponer la fundación de un Partido Verde, como estrategia para aglutinar las fracciones que quedaron por fuera de la contienda política, después de la reforma electoral que incrementó el umbral electoral. Fue una solución fácil y oportuna para unir esos variados grupos políticos, situados al margen de la izquierda desgastada y de los partidos políticos sin credibilidad. Sin embargo, ese nuevo cuerpo político llamado Partido Verde Opción Centro, por motivos que merecen un análisis más a fondo, en relación con valores europeos contrapuestos a nuestra idiosincrasia nacional, jamás superó su condición de agregado, convirtiéndose en empresa política electoral, más que en auténtico partido político, empresa que sobrevivió gracias a la estrategia de dar avales, a cuantos lo solicitasen. El aval indiscriminado ha traído nuevos vicios a la política nacional, como la negociación o acuerdos, con la consiguiente pérdida de identidad ideológica que debilita hasta casi borrar toda oposición. Esta estrategia le ha posibilitado al Partido Verde Opción Centro la permanencia en el tiempo, conservando su personería jurídica y consiguiendo, de modo indirecto, algunos escaños en cuerpos colegiados, en elecciones no determinadas, precisamente, por el vigor del partido, sino por fuerzas distintas detrás de cada candidato. Es así como alrededor del 80% de los representantes del Partido Verde Opción Centro en corporaciones proceden de diversas vertientes políticas, sociales y religiosas, que le deben al partido sólo la insignia. Lo cual ha hecho del Partido Verde algo amorfo y, a veces, contradictorio; por ej., la elección de un concejal cristiano, cuando los cristianos votaron contra Mockus, o la elección de un diputado liberal con credenciales verdes, que pierde durante la elección presidencial en su pequeño patio. Aceptando como natural, en su estado provisional, esta condición del partido, se esperaba, después de las elecciones presidenciales y a luz de la exitosa votación representada por el fenómeno de la OLA VERDE, una restructuración y ampliación de los cuadros, cubriendo todas las regiones del país. Sin embargo, esto nunca ocurrió. Por el contrario, su visión se estrechó. La escasa comunicación, de orden operativo durante la campaña presidencial, se rompió por completo después de las elecciones. Las sedes espontáneas creadas en toda la geografía nacional quedaron abandonas, sin una voz de aliento y respaldo para continuar afianzando al partido en las regiones. En cambio, y equivocadamente, redujeron, desde tiempos de la campaña, la coordinación a unos pocos sitios con criterios arbitrarios y señalamientos a dedo, desconociendo la vitalidad del proceso. A la postre, los beneficiados fueron el ya débil Compromiso Ciudadano y los concejales y diputados de Opción Centro, quienes han manipulado el movimiento en favor de sus intereses releccionistas. Dicho de otro modo: desde la dirección nacional, en connivencia con concejales y diputados, representantes de la vieja estructura amorfa del partido, sin identidad doctrinaria y sin obra política en la función pública, dejaron por fuera a la ola verde. Muchas de esas sedes, de más de cinco meses de trabajo, arduo y continuo, de fuerte liderazgo interdisciplinario, con un trabajo organizado y registrado en planillas y bases de datos, que interactuaron, vía email o Facebook, con sus seguidores, que recibieron en sus sedes a miles de visitantes, que participaron en reuniones y visitaron barrios y municipios, divulgando pedagógicamente los principios del partido, estas sedes ni siquiera recibieron el agradecimiento, mucho menos instrucciones para direccionar el partido, como si nuestra labor fuera prescindible para la cúpula dirigente; ya que con ella o sin ella se sentían ganadores. Sin embargo, aun perdiendo las elecciones ellos ganaron, porque sus arcas debieron quedar llenas, al no retribuir económicamente a las regiones, que trabajaron con plata de su bolsillo. Este comportamiento me recuerda el epígrafe de una revista: “Se necesitaban trabajadores y llegaron personas”.

Parte II. Mercenarismo Político

El hecho de que el Partido Verde fuera, hasta época reciente, una empresa política de administrar avales, de modo indiscriminado, lo convirtió en una organización mercenaria, por las siguientes razones:
1.- Cuando un candidato que no pertenece al partido por convicción recibe el aval no adquiere, per se, un compromiso a fondo con la respectiva organización política. Esta característica propia del Partido Verde ha sido responsable de la ausencia de obra política en la reciente historia nacional y regional del país. Sus representantes se han limitado al rol burocrático en su función pública, sin diferenciarse, en sus conductas, de los vicios tradicionales.
2.- En la fundación del Partido Verde se encuentra la impronta del M-19, movimiento insurgente caracterizado por sus grandes golpes de opinión, hasta el punto de haber perdido la cabeza en el asalto al Palacio de Justicia. Esta forma de hacer política se ha preservado en el Partido Verde con la diferencia, esta vez, de que los golpes de opinión pasaron del plano guerrerista al plano de la farándula política, mediante el uso sagaz de los medios de comunicación y recurriendo a personajes con ciertos valores y aureola política. En esta dirección, su gran hazaña fue haber logrado contratar a los tres ex-alcaldes de Bogotá (Mockus, Peñaloza y Garzón), y, posteriormente, al de Medellín (Fajardo); cuatro candidatos de trayectoria exitosa, ampliamente rankeados en el campo social, cultural y político. Propósito éste que el Partido Verde Opción Centro aprobó en el Congreso Nacional de 2008: “Asumir el desafío de pasar de minoría política a convertirnos en una opción de poder real para los colombianos convocando para este fin a los líderes independientes y del centro político más destacados en el escenario político Nacional, tales como SERGIO FAJARDO, LUCHO GARZON, ANTANAS MOCKUS, ENRIQUE PEÑALOSA, MARTA LUCIA RAMIREZ entre otros”. Fin alcanzado después de varios meses de diálogos, al recibir el beneplácito de los ex alcaldes ANTANAS MOCKUS, LUCHO GARZON y ENRIQUE PEÑALOSA, con quienes conformaron lo que en adelante se denominaría el PARTIDO VERDE, conquista formalizada en el Congreso extraordinario del 2 de octubre 2009. Con estas adquisiciones se parodió en política lo que en fútbol hicieron el Real Madrid y el Barcelona, al fichar jugadores de primera categoría del balón pie mundial. La idea fue, sin duda, magistral, pero no suficiente para conseguir el éxito a cabalidad. Mientras un equipo de fútbol es reducido en número, la agremiación política es ilimitada en sus interacciones. Si estas interrelaciones de vasos comunicantes fracasan la organización política se derrumba, fenómeno aplicado al Partido Verde, el cual no pudo hacer tránsito de empresa electoral a partido político en sentido cabal. Después de las elecciones presidenciales el pseudo partido no respondió a las expectativas de los tres y medio millones de votantes, que esperábamos la restructuración y ampliación de los cuadros políticos en el concierto nacional y regional. Tanto así, que aún sigue imperando (en sentido literal) la vieja estructura de Opción Centro, estrecha de mente como de acción, carente de obra política, como de escaso protagonismo en las elecciones pasadas, cuyo peso recayó en las nuevas fuerzas independientes que adhirieron. Aquella estructura con sus socios representantes en los cuerpos colegiados ahora pretende canalizar la fuerza de la ola verde hacia sus propios intereses.

Parte III. Descalabro Político

Hacer depender el rumbo del partido de algunas figuras de renombre con menosprecio de las estructuras regionales es un error grave. Parte del desencanto actual de la Ola Verde se debe al comportamiento de nuestro candidato Antanas Mockus quien, al parecer, obró por cuenta propia, sin asesores que controlaran su libreto. Por ese camino se expuso a todos los riegos posibles, en un país donde los comunicadores abusan de la opinión pública y toman partido. De este modo, el partido verde padeció la suerte del ascenso y caída de su ícono. Este sería el primer descrédito del partido ante la opinión pública.
El segundo descrédito vino por cuenta de Sergio Fajardo, al negociar su ingreso al Partido Verde, por más de 27.000 dólares (según el Concejo Electoral, y la página web Silla Vacía, divulgado, además, por el canal CM&), para ser compañero vicepresidencial de Mockus, actitud reprochable desde todo punto de vista, en un ciudadano y político de estilo, ex-alcalde de Medellín, conferencista internacional, doctor en matemáticas y, por supuesto, estrato ocho. De este modo contradecía el slogan aplicado, al parecer, sólo a la base: “Yo vine porque quise no porque me pagaron”, síntoma de que algo similar ocurría en la cúpula del partido. Algo “normal”, si tenemos en cuenta que ninguna estrella del Real Madrid o del Barcelona juega gratis.
La tercera equivocación la cometió Lucho Garzón, siendo director del partido, al no convocar, ampliamente, a la Ola Verde o al Movimiento Verde para restructurar y fortalecer los cuadros políticos con una perspectiva nacional, enganchado a todas las sedes que impulsaron la campaña de Mockus. En cambio, se reunió, como todo político tradicional de oficio, con los representantes electos del partido, quienes lo atrajeron a su propio patio, los concejos y las asambleas, con lista de invitados de su entera confianza, para quedarse con la vocería del partido y propiciar su elección o relección, tal como ocurrió en Popayán. Este errado manejo de Garzón terminó de liquidar los procesos regionales de la Ola Verde.
Finalmente, queda la cuarta carta política representada por Enrique Peñaloza, actual candidato a la alcaldía de Bogotá, muy polemizado por sus guiños con el uribismo, principal opositor del Partido Verde durante la campaña presidencial, grupo político que se ha empecinado en acercarse a dicho candidato para ofrecerle apoyo a cambio de ciertos compromisos (¿Cuáles?)

CONCLUSIÓN 

El Partido Verde se enredó en sus inconsistencias de fondo. Creció y se desvaneció como nieve. Pasará a la historia por su brillo ocasional, como tantos otros movimientos que le precedieron, cuyos dirigentes se entregaron al mejor postor. El Partido Verde no supo administrar los tres y medio millones de votos de electores inteligentes, que fueron tratados como simple masa electoral, ignorando que formaban parte de lo mejor de la nación colombiana. Su rótulo continuará existiendo, pero sin la Ola Verde, tan sólo como razón social de una empresa electoral que tendrá que recurrir, una vez más, al aporte mercenario para conservar su personería jurídica en el escenario político. 

Omar Lasso Echavarría
Gestor de la principal sede del Partido Verde en Popayán y el Cauca
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(Archivo recuperado de mi blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA) 
 
GUILLERMO VALENCIA SÍMBOLO NACIONAL DE LA CONSTITUCIÓN DE 1886(PARTE II: SU POÉTICA)
Por Omar Lasso Echavarría

Especial para el Liberal
 
Su poética se ajusta al precepto de vida de Rubén Darío, cuando dice: “Como hombre he vivido en lo cotidiano, como poeta no he claudicado nunca, siempre he tendido a la eternidad”. Los siguientes versos de José Asunción Silva: “Allí la Vida llora y la Muerte sonríe, / y el Tedio, como un ácido, corazones deslíe”,y la máxima salomónica: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, presiden el tono y contenido de su poesía. El mundo poético de Valencia está poblado de amargura y pesimismo, consecuencia tal vez de sus derrotas políticas. Se refugió en el humanismo y se entregó a la resignación, como resultante de una sabiduría asimilada a través del conocimiento de la historia, el estoicismo y la religión católica.
Respecto a la concepción poética, la poesía es para Valencia una forma de conocimiento, la más esencial de todas, que intuye lo puro e inviolado durante el silencio, como si se tratara de esencias platónicas. Esto se nota cuando escribe: “deja oír el silencio de las frases no escritas, / roedor alfabeto que al espíritu quitas / tantas fibras sonoras, ¡tanta gota de miel!”. De acuerdo con este planteamiento el éxtasis precede al lenguaje, y se entiende por qué la poesía valenciana es grandilocuente, por la necesidad de poner el lenguaje, de por sí defectuoso, a la altura de sus grandes intuiciones, que requieren máxima belleza y precisión, porque las esencias no pueden vestirse de harapos, sino de finas telas, encajes y pedrerías. Por tanto, su estética se halla sujeta a la eficacia del lenguaje, que en su caso alcanza una solvencia pocas veces lograda por otros poetas. En este orden de ideas su estilo puede parecer artificioso sólo a quienes no se hallan a la altura de su pensamiento ilustrado. La estética valenciana une sensibilidad y maestría artística; en ella las palabras, en rima, se atraen como los amantes, tal como lo confirman estos versos: “la luz amarilla / que en ráfagas brilla / y apenas alumbra / la tibia penumbra. ... Cual fijo en papiro / la piel de vampiro / despliega en la sombra / vocablo que asombra”. A pesar de la resignación y el pesimismo de Valencia no hay nada pequeño en esta poesía que refleja lo más general de la condición humana; el hombre aparece como la suma de todos los hombres, y la mujer como la suma de todas de todas las mujeres. Una poesía que se ocupa del destino humano escogerá el lenguaje más exquisito y los símbolos más elevados de la cultura y la historia.

En lo atinente a su estética modernista el común de la crítica lo ha situado en la corriente parnasiana, donde la inspiración está sujeta a la artesanía del verso. No es tan exacto en Valencia que la “orfebrería” preceda a la inspiración, tal como lo constatamos al referirnos a su técnica poética. Ante todo, digamos que la poesía de Valencia se desarrolla principalmente en la esfera consciente del yo, como prolongación inspirada de su pensamiento; en ella no hay asaltos de capas más profundas del inconsciente, lo cual lo alejaría de la corriente romántica, en sentido estricto. Sus preocupaciones metafísicas se mueven en un terreno exterior al inconsciente. Es decir, no realiza un proceso de demolición interno, como sí lo llevaron a cabo los románticos franceces. Su observación se halla dirigida afuera, hacia una realidad ya constituida por la historia. Es, de alguna manera, un poeta objetivante, evasivo de su mundo íntimo, lugar del cual procede, realmente, toda angustia. Como buen conocedor de la historia, la cultura y la tradición católica, y por su deliberada musicalidad y el uso que hace de símbolos para expresar sus intuiciones poéticas se lo podría catalogar, en parte, como un poeta simbolista. Por otro lado, nadie se atrevería a afirmar que no hay sentimiento en la poesía de Valencia, pero se trata de impresiones leves que no trascienden la epidermis, y se hallan distantes de ocasionar terremotos interiores.
Marcado por la influencia de José Asunción Silva, heredó de él su estética. Los siguientes versos atestiguan la lección del maestro: “Ambicionar la túnica que modelaba Grecia, / y los desnudos senos de la gentil Lutecia ; / pedir en copas de ónix el ático nepentes; / ansias para los triunfos, el hacha de Arminio / buscar para los goces el oro del triclinio; / amando los detalles, odiar el universo; / sacrificar un mundo para pulir un verso [...] tener la frente en llamas y los pies entre el lodo; / querer sentirlo, verlo y adivinarlo todo; / eso fuiste ¡oh poeta! los labios de tu herida / blasfeman de los hombres, blasfeman de la vida. Sin embargo, Mientras Silva es un poeta introvertido respecto a su poesía, Valencia es extrovertido; sustituye lo particular por lo general; el primero sacrifica un mundo, el segundo, las vivencias de su yo íntimo. En otras palabras el drama de la poesía en Silva es él mismo; en Valencia es la humanidad. Su estética se refleja con mayor precisión en los siguientes versos: “dadme el verso pulido en alabastro, / que, rígido y exangüe, como el ciego / mire sin ojos para ver: un astro / de blanda luz cual cinerario fuego. / ¡busco las rimas en dorada lluvia; / chispa, fuentes, cascada, ola¡ / ¡quiero el soneto cual león de Nubia: de ancha cabeza y resonante cola!”. Como se aprecia, se trata de la contemplación interior de la belleza, como reflejo, vestida suntuosamente por el verso. Recordemos que el modernismo hispanoamericano incorporó elementos del romanticismo europeo, por ejemplo el gusto por lo exótico y la ilusión compensadora de la realidad como verdad suprema; de igual modo el Simbolismo, alejado de la angustia de los primeros románticos, tenía algo de artificial, donde se hallaba el poder encantador de la recurrencia a la elegancia y el buen gusto, propios de la élite culta y acomodada. El poeta simbolista vuela en su ensoñación sobre este mundo preciosista e ilusorio, enmarcado en una selección rigurosa de símbolos del drama espiritual humano, de elevadas aspiraciones. Todos estos elementos presentes en la poética de Valencia van en consonancia con su belleza abstracta y los ideales aristocrático-religiosos. Por ello, le encontramos sentido a la afirmación del crítico argentino Enrique Anderson Imbert, que ha hecho carrera, sobre la poética de Guillermo Valencia, cuando dice: “tiene corazón romántico, ojos de parnasiano y, oído de simbolista”.
Recapitulando, las características más visibles de la poética de Valencia son las siguientes: 1) La dimensión universal-cosmopolita que abreva en la mitología, la religión y la historia. 2) La tendencia descriptiva, decorativa, y escultórica. 3) El esteticismo que sitúa a la Belleza como suprema realidad estética. 4) La preponderancia de la técnica en detrimento de la inspiración. 5) La escogencia de temas grandilocuentes. 6) La ideología conservadora en sus temas y propósitos. Y, 7) Como persona es una celebridad pública, no un dandy descarriado.
Finalmente, la poesía de GuillermoValencia, modelo de una época premoderna que buscaba la unidad social, política y cultural en la ideología del cristianismo católico, quedó relegada definitivamente en la historia, ante el triunfo definitivo de la democracia burguesa inspirada en ideales filosóficos seculares. Las huellas que aun quedaban de la constitución original de 1886, al cabo de incontables reformas, fueron borradas del todo en la Nueva Constitución de 1991, la cual refleja un contexto histórico muy distinto.
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(Archivo recuperado de mi blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA)

GUILLERMO VALENCIA SÍMBOLO NACIONAL DE LA CONSTITUCIÓN DE 1886 (Parte I: ASPECTO SOCIOPOLÍTICO)
Por: Omar Lasso Echavarría
Especial para El Liberal
Ago. 23 de 2009


Centrando el análisis en el cambio de época que se produce en Popayán con el terremoto de 1983, y en toda Colombia con la Constitución de 1991, tendremos en cuenta dos hitos históricos de épocas distintas, en lo social, lo político y lo cultural, demarcadas, de modo definitivo, a fines del s. XX: la primera, representada por la Constitución de 1886, cuyo símbolo nacional es el poeta Guillermo Valencia, y la segunda, representada por la Constitución de 1991, cuya nueva expresión poética la inaugura, en Popayán, la Generación Posterremoto.
Guillermo Valencia (1873-1943). Encarna, en su calidad de humanista, aristócrata, conservador, católico, buen ciudadano y patriota, los ideales y valores de la Constitución de 1886, a cuyo orden, de convivencia social armónica bajo preceptos de la iglesia Católica, se mantuvo siempre fiel. Con él culmina, en Colombia, la época del político “ilustrado”, y acaso también la del poeta civil. Fue poeta de su tiempo, de su clase social en Popayán, aunque algo rezagado en el contexto de las ideas de la época, tanto en lo estético como en lo social y político. El modelo de la élite conservadora e ilustrada era todavía entonces el humanismo hispánico, católico y grecorromano, heroico y ecuménico, el estoicismo cristiano y el formalismo de la ley. Todo ello en oposición a las corrientes ilustradas que bebieron en la fuente de las revoluciones inglesa, francesa y norteamericana, en el empirismo, el positivismo y el pragmatismo.

Guillermo Valencia consciente como ciudadano, como político y como poeta de su ethos aristocrático recrea en su poesía los símbolos de la nacionalidad colombiana, de tradición católica y conservadora. En ella distingue tres estadios bien definidos que componen el orden ontológico de su cosmovisión social y poética: 1) El reino divino, 2) El orden aristocrático de los mártires, y 3) El de la plebe, tal como se aprecia en la siguiente cita: “En torno de las cruces / do murieron las víctimas, aullando / se amontonó la plebe enfurecida / como un tropel de deslomadas hienas, / Y abajo, los zarzales por alfombra, / y arriba, el Numen, el Amor y la Calma; / los mártires, en medio, / rasgando -muertos— la terrena sombra / al blando golpe de su fresca palma”. En este esquema piramidal la aristocracia se rige por las buenas maneras, la elegancia y la delicadeza, y la plebe por el instinto; aquella necesita del ideal, que naufraga por culpa de la plebe; ésta, en cambio, necesita del sometimiento y la amenaza del infierno. En el poema “Caballeros Teutones” resalta los valores nobles de la honra y el respeto a los códigos de honor que aconsejan morir primero antes que deshonrarse, del modo como sigue: “A destrizar la sórdida gavilla / bastaba la teutónica cuchilla; / pero la ley caballeresca manda / perecer sin defensa en la demanda / antes que herir a gentes de trahilla”. La plebe está conformada por el pueblo, los campesinos, los indios y los mineros. Al respecto dice Baldomero Sanín Cano, amigo de Valencia y prologuista de “Ritos”: “Las glorias del pasado español las ha hecho propias, y el espíritu maleante de sus vecinos ha señalado en su recinto la piedra que cubre los restos inmortales del Ingenioso Hidalgo”. Son frecuentes, en su poesía, los calificativos despectivos hacia la plebe: “[...salvajes de puño sanguinario”, “mesnada oscura”, impura falange de malsines y traidores “zurda banda de pillos y gañanes”, “sórdida gavilla”, “tropel de deslomadas hienas”; además: rufianes, turba, vulgo, etc. Sólo en el poema Anarkos, se vislumbra la sensibilidad social del poeta de Popayán; en él encontramos un sentimiento de piedad hacia los mineros, artífices de las grandes fortunas del Cauca. El poema lleva por epígrafe el famoso aforismo de Nietzsche: “[...] Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu”, escogencia que causa perplejidad, por hallarse fuera del contexto de su poética y, aun, del poema mismo, cuyo final concluye en la más absoluta sumisión a los preceptos católicos, contrario al credo nietzscheano. Aunque en el poema intuye una posible rebelión contra los amos, al recordar los sucesos de la Revolución Francesa y el cambio de época, neutraliza estos vientos, a través de la invocación conciliadora del Papa y de Jesucristo. El orden ecuménico lo representa Dios, la religión Católica y su organización eclesiástica, tan importantes para la conducción del mundo como el gobierno civil y el poder militar.

Acorde con su credo parnasiano y su educación aristocrática desterró de su poesía las alusiones al universo personal de infortunios y desajustes de la subjetividad, porque de acuerdo con las buenas maneras es preferible aparentar que exhibir las miserias. Lo normal en esta esfera de buenos modales es controlar los instintos, ignorarse como individuo particular, respondiendo a un modelo de hombre, de católico, de ciudadano y patriota, como, sin duda, se lo inculcaron en el Seminario de Popayán, donde hizo su bachillerato y se inició en el humanismo y las lenguas clásicas, incluyendo el hebreo, bajo la orientación del profesor Malezieux. Todo ello, más sus viajes por Europa, le confirieron una aureola de superioridad que le permitió desarrollar una vocación universal en su poética, en la cual prefirió no hablar de sí mismo, sino del género humano como portador de los más altos ideales. Quizá por ello le atrajo Nietzsche, aunque su pensamiento vaya en contravía del filósofo. Sin embargo, desea conservar a toda costa la moral de los señores.
Lo abruma la relación entre su yo y el finito, haciendo dolorosa la resignación, pero vislumbra en la eternidad el camino de salvación para salir de la angustia. Si el hombre se conformara con la pequeñez no sentiría angustia, mas como desea la grandeza, está expuesto al desengaño, por lo cual pregunta: “¿Es débil gemido / que anuncia el olvido, / o símbolo oscuro / que cifra el futuro? / ¿ Es la oculta clave / del amor humano, / o el ¡ay! De un gusano / que quiso ser ave ¿ave?”. En este sentido, el cristianismo creyó haber resuelto la angustia del hombre, al proporcionarle a través de la Redención un sentido a la vida humana. De igual modo el misterio, otro de los temas predilectos en la poesía Valenciana, se resuelve mediante la certeza en la creencia religiosa. La relación entre la pequeñez del ser humano, amenazado por la desgracia, la muerte y la condenación, versus el infinito, representado por Dios, es tan radical como absurda y se resuelve en el terreno de la fe, de acuerdo con los dogmas y el existencialismo cristiano de Kierkegaard. Esta apuesta abismal aumenta la pequeñez del ser humano; la vida parece un soplo, que llena al poeta de las más duras contriciones. Se mira así mismo como alguien que se despide preso de la melancolía ante el pobre balance de la existencia y lo inútil del propósito humano. La vida del hombre sólo tiene sentido en función de la Ciudad de Dios, como en San Agustín.
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(Arachivo recuperado de mi blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA) 


EL AMBIENTE INSTITUCIONAL
Por Omar Lasso Echavarría
Especial para El Liberal
 
Creemos que el movimiento poético posterremoto en Popayán se consolidó a través del proyecto literario del recital universitario “Palabras y Notas”, animado por Guido Enríquez y Edgar Caicedo Cuéllar, la Revista de poesía “Ophelia”, y los encuentros de poesía “Ciudad de Popayán”, organizados por la Corporación de Arte Fundapalabra. y el Recital semestral “Palabras y Notas”, proyectos de los cuales algunos de los poetas mencionados fueron fundadores y gestores. Sin embargo, esta parte material e inmaterial no hubiera sido posible sin el patrocinio económico de diversas instituciones como el Área Cultural del Banco de la República, la Biblioteca Pública Departamental “Rafael Maya” de Comfacauca, la Fundación Cultural del Banco del Estado, el Ministerio de Cultura, el Fondo Mixto de Cultura del Cauca, la Fundación Casa de la Cultura y la Alcaldía Municipal de Popayán, que en 1992-1994 tuvo un alcalde sensible a lo artístico y consciente en ese momento del ethos cultural de la ciudad, como lo fue Luis Fernando Velasco, quien contribuyó en la financiación del “Encuentro de Poesía Ciudad de Popayán”, evento anual que en diez años de realización alcanzó dimensiones internacionales, y fue decisivo para nuestros poetas en su afán de lograr la interlocución externa y alcanzar la mayoría de edad.
Para cerrar este inventario de motivos que propiciaron el florecimiento de la cultura en Popayán, tengo que citar finalmente, con la modestia debida, el papel que desempeñó Macondo, libros y tertulia, como punto de referencia y confluencia de este grupo multigeneracional. Esta librería fue, en el curso de su historia, una especie de Gruta Simbólica o de Café automático en Bogotá o la Cueva de Barranquilla; es decir, una ventana a la cultura y al mundo. Por ella pasaron infinidad de creadores, muchos de los cuales dejaron su mensaje en las Bitácoras de Macondo. Jaime García Mafla la llamó “la librería angélica”. Por su parte, Lisandro Duque dijo de ella: “En Macondo conocí a la gente que me hacía falta”. Varias referencias aparecieron en revistas y periódicos, como en la edición del 9 de agosto de 1996 en Le mond de París y, recientemente, en un libro publicado en Francia, sobre pequeñas librerías culturales del mundo titulado Ici, lá-bas. Librairie Meura, Lille, 2005.
Queda pendiente la tarea de investigar otros antecedentes literarios importantes que abrieron el camino a esta generación, explorando nuevos temas y lenguajes: Carmen Paredes Pardo, Elcías Martán Góngora, Alberto Mosquera, Gerardo Valencia, Plutarco Elías Ramírez, Matilde Espinosa, Gloria Cepeda Vargas, Víctor Paz, Alfredo Vanín y la generación de la revista La Rueda, integrada por Carlos Fajardo y Cristóbal Gnecco entre sus poetas más consolidados. También Habría que tratar de reconstruir algunas líneas poéticas características en la historia de la poesía caucana que vienen de Guillermo Valencia, Rafael Maya, la tradición de la poesía epigramática, satírico-festiva y la poesía social o política, lo cual sugiere otro ensayo. Ahora nos interesa centrar el análisis en el cambio de época que se produce en Popayán a partir del terremoto de 1983 y la Constitución de 1991. Para ello tendremos en cuenta dos hitos históricos de épocas distintas, en lo social, lo político y lo cultural, demarcadas, de modo definitivo, a finales del s. XX: la primera, representada por la Constitución de 1886, cuyo símbolo nacional es el poeta Guillermo Valencia, y la segunda, representada por la Constitución de 1991, cuya nueva expresión poética la inaugura, en Popayán, la Generación Posterremoto.
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(Archivo recuperado del blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA)


EL AMBIENTE ARTÍSTICO
Por: Omar Lasso Echavarría
Especial para El Liberal
 
Esta época dorada (década de los 90s) tuvo, además, otros creadores artísticos que aportaron su esfuerzo. El registro fotográfico correspondió a Diego Tovar, a través de estudios, exposiciones, cubrimiento de eventos, y como partícipe de muchas tertulias. En el campo de la plástica resaltaron los pintores Gustavo Hernández, Rodrigo Valencia, Adolfo Torres, Ramiro Leiton y Alfonso Renza, quienes ilustraron generosamente libros y carátulas de varios autores. Los tres primeros nos descubrieron un mundo onírico y simbólico desde diferentes preocupaciones y cosmovisiones: mágicas, esotéricas, místicas, metafísicas, existencialistas, con símbolos de la tradición occidental y también local. Ramiro Leiton, seguido después por Jafet Gómez, llamó la atención sobre el valor de las culturas autóctonas. Por su parte Alfonso Renza nos puso en contacto de otras inquietudes contemporáneas del mundo urbano. Fue también el tiempo de la caída del acuarelista escocés Peter Walton quien, atraído por la magia del trópico, había llegado en 1973 a Popayán donde se vinculó como profesor de Artes Plásticas en la Universidad del Cauca. Otro retazo de esta historia, en lo marginal, le correspondió a Billy Fals, artista autodidacta malogrado por la droga, cuya genética ancestral se manifestó a través del uso de la tierra como elemento básico de una técnica que inventó y aplicó en su pintura, dando inicio a una tradición popular propagada en Popayán por algún tiempo. Memorables fueron, para lo que nos interesa mostrar, las exposiciones “Apocalípticos” (1991) de Rodrigo Valencia y “Carnaval” (1988) de Adolfo Torres (1951). Ambos pintores irrumpieron valerosamente en la escena de una sociedad religiosa tradicional con un conjunto de cuadros que perturbaron el imaginario local. Los “Apocalípticos” de Valencia transgredieron formas y símbolos, mostrando el caos del mundo. La exposición de Torres, portadora de una agresividad demoníaca, evocó el horror de la guerra en las pinturas de Goya, durante la invasión napoleónica a España. Recordamos en especial el “Ángel de la muerte”, un cuadro en carboncillo de aproximadamente cinco metros de largo, digno de la onda metálica, muy posicionada por aquel entonces en el rock pesado. Ambas exposiciones, a la vez que producían angustia, eran portadoras de un sentimiento liberador, como todo aquello que recuerda la condición humana, al emanciparnos de los artificios de una cultura que niega lo que en el fondo somos. Merece consideración especial, para cerrar este capítulo de la plástica, la importante labor desempeñada por la fundación Pintaw Mawa (1987) en pro de los artistas caucanos, tanto de formación académica como autodidactas, a través del Salón Septiembre de Artes Visuales que abrió ese mismo año, y donde se proyectó por primera vez el video-arte Fantasía protagonizado por Carlos Illera. Pintaw Mawa fue un colectivo de artistas y trabajadores sociales integrado por Ramiro Leiton, Nancy Muñoz, José Manuel Valdés, Gloria Díaz, Santiago Hurtado, Patricia Salinas, Oscar Potes, Pedro Salazar, Jafet Gómez, Alfonso Renza, Julián Rivera, Ari Hurtado, entre otros. Su intensa actividad se extendió hasta 1998. Este grupo se caracterizó por el propósito de integrar el arte a los ámbitos social y educativo, propiciando la diversidad de expresiones culturales, y haciendo énfasis, no tanto en la promoción individual de los artistas, como sí en la práctica del arte como medio de comunicación y creación social de valores. Por tal razón se orientó a la docencia, a los talleres, y al desarrollo de metodologías que privilegiaran el uso de materiales no convencionales. Sus aportes quedaron registrados en afiches, revistas, carteles, libros y murales.

Floreció también durante este periodo el arte audiovisual. Y aquí aparece de nuevo en escena, como lo veremos en el tópico literario, el colegio Inem. En el año de 1985 este colegio compró equipos de producción audiovisual con los cuales Gerardo Frey Campo y Nelson Freddy Osorio realizaron sus primeras obras: En carne viva (1985) y Por un mal camino (1985), respectivamente. En el año de 1988, Guillermo Pérez La Rotta y Herinaldy Gómez, profesores de la Universidad del Cauca, iniciaron un taller de capacitación con el auspicio de Cine Arte Nueva Imagen y el Sena, en el que se impartieron cursos de apreciación, guión y realización, bajo la orientación de Lisandro Duque. De este taller resultó la película Crisálida (1990). En el año 1989 Nelson Osorio, Stella Fernández y Carlos Illera fundaron Fundefilms, que produjo: Fantasía (video poema, 1989), Koomsex (1991), Occidente (1991), Ecce Homo (1992) y Marcando Calavera (1999). En estas producciones predominó como tema el entorno social de marginalidad juvenil (drogas, violencia y sexualidad de los adolescentes), resultado del deterioro social posterior al terremoto. En el año 1999 el Fondo Mixto de Cultura del Cauca, a través del apoyo del Ministerio de Cultura inició el Taller de Formación Imaginando nuestra imagen, bajo la dirección de Víctor Gaviria. Luego de este evento surge el grupo Cinestesia, animado por Juan Pablo Bonilla, Víctor Hugo Camayo, Manolo Gómez Mosquera, Alex López, entre otros jóvenes realizadores, quienes produjeron: Luna Criminal (1999), Perdida para un poema (1999), Besaste a Lily (2002), Invitado a cenar (2002), en cuyos temas predominó la intención ficcional. Al igual que ocurría en literatura, estos jóvenes problematizaron los valores y el sentido de la ciudad contemporánea. 

 
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(Archivo recuperado de mi blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA)


EL AMBIENTE INTELECTUAL
Por: Omar Lasso Echavarría
Epecial para El Liberal
Domingo, junio 28 de 2009

 
Acercando más la lente encontramos algunos factores que propiciaron la investigación y la creación literaria en Popayán durante la década anterior, que alcanza, inicialmente, su punto más alto con tres premios nacionales del Ministerio de Cultura (antes Colcultura): el obtenido por Guido Barona Becerra, con el ensayo “Legitimidad y sujeción: Los paradigmas de la “invención” de América” (1993), el de Francisco Gómez Campillo con el libro de poesía “La tiniebla luminosa” (1993), y el asignado a Hortensia Alaix de Valencia, en la modalidad de literatura oral, por el libro “Literatura popular. Tradición oral en la localidad del Patía” (1994). Pero ya antes, en 1988, Horacio Ayala, entonces estudiante de literatura, había ganado el premio universitario de poesía ICFES, y Mario Erazo, compañero suyo, obtenía el segundo lugar.

Después vendría una serie de éxitos de varios poetas, que ganaron premios regionales, nacionales e internacionales. Los concursos y las becas de creación del Fondo Mixto de Cultura del Cauca y el Ministerio de Cultura impulsaron a toda una generación de investigadores y escritores. En el campo de la creación literaria sobresalió, en un principio, la poesía; luego, en el último lustro, se observa un marcado interés por la narrativa, lo cual merece un estudio aparte de esta reflexión. De igual modo, poco a poco se consolidan auténticos sellos editoriales, como el de la Universidad del Cauca, Estuario y Axis Mundi.

Este florecimiento coincide o, quizá, fue propiciado por un cambio de época en el pensamiento occidental: la crisis de la modernidad, centrada en la dominación de una razón ilustrada que pretendía imponer sus ideas a la realidad, y que en nuestro caso lo venía haciendo en una lucha enconada contra el modelo escolástico, desde la conformación de nuestro estado nacional, hasta el triunfo de las corrientes conservadoras que impusieron una Constitución de apariencia demoliberal y fundamento escolástico. Con el cambio de Constitución en 1991, en respuesta a la exigencia de un amplio reconocimiento político de la nación colombiana, nuestro país dio un viraje hacia la corriente postmoderna, caracterizada por un descentramiento de la razón ilustrada que abandonó el propósito de ejercer una legislación universal desde la soberanía del pensamiento, en sentido kantiano.

Para precisar más esta idea digamos que la Constitución colombiana efectuó un cambio considerable respecto a la concepción de sujeto implícito en ella. Pasó de un sujeto abstracto de aureola católica, con derechos generales, a una diversidad de sujetos con derechos específicos y cosmovisiones diversas que se harían valer mediante la Tutela y las Acciones populares y de Cumplimiento. En consecuencia, el papel del intelectual cambió; ya no buscaría la transformación del mundo o de la historia, sino la de su entorno y de algunas parcelas de la realidad. De este modo, se hizo corriente la participación del intelectual en política. Como fruto de este cambio de paradigma la Universidad del Cauca pasó en los últimos periodos rectorales de un modelo centralista a un modelo descentralizado, de cara a la provincia caucana. También la Gobernación del Cauca durante el período 2001-2004, fue motivo de hechos notables: la elección del indígena guambiano Floro Tunubalá.

Esto quizá como resultado del reconocimiento de las minorías étnicas y el fortalecimiento de lo alternativo en todos los ámbitos de la vida, sumado también a la crisis de los partidos políticos tradicionales. Sería éste, sin duda, el suceso más notable en la esfera de lo social y lo político que cerró el siglo XX en Popayán y el departamento del Cauca, reflejo de una época singular, que se probó y, a la vez, se agotó ante unas fuerzas y estamentos tradicionales en crisis, en medio de la ingobernabilidad propia de un sistema político de castas, que, a la postre, se fortalecería en Popayán, a través de sus partidos históricos.

Nos interesa ahora resaltar el aspecto del intelectual, ya no aislado, sino el de aquel que se integró al dinamismo social animando nuestra época. Teniendo en cuenta este punto de vista, donde el talento se mide por la capacidad de influir en el acto generoso de darse a los demás, debemos destacar la labor de algunos intelectuales en Popayán que animaron esta época desde las distintas esferas del saber y la vida cotidiana: el historiador Guido Barona Becerra ha sido, sin lugar a dudas, el librepensador más solvente durante este periodo. Con una vigorosa vocación epistemológica, practicó la transversalidad disciplinar de saberes: historia, antropología, filosofía, política y semiótica. Su conocimiento, deliciosamente permeado por la vivencia, logró acercar lo universal a la dimensión cotidiana de las problemáticas de distinto orden: académico, social, político, económico y cultural. Destacamos también la actitud del politólogo Diego de Jesús Jaramillo, quien encarnó al intelectual orgánico de Gramci en su afán de unir el saber a la vida.

Por su parte Eduardo Gómez Cerón, modelo de hombre culto, en el sentido de vivir la dimensión cultural de lo cotidiano, poseedor de un gran don de gentes y altura crítica en el ejercicio del periodismo, ha sido inagotable cantera anecdótica del devenir social, político y cultural de la ciudad. Gustavo Wilches, una de las inteligencias más lúcidas y polifacéticas, de orientación holística en su quehacer práctico y teórico, se ha destacado como guía social indiscutible, con una visión de ciudad cual pocos para dirigir los destinos de Popayán, en una época acéfala de políticos ilustrados. Julio César Payán continuó la práctica revolucionaria de la medicina bioenergética, iniciada en Popayán por su colega Germán Duque Mejía, a principios de los setentas, en claro desafío a la ortodoxia anclada en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad del Cauca, de la cual Payán fue docente. Además, se integró luego al devenir social y político desempeñando una labor educadora y crítica desde la prensa y la radio.

En otra orilla, como voz nostálgica de un tiempo pasado ya irrecuperable, el antropólogo Hernán Torres, de formación anglosajona, ahondó en el imaginario cultural de la ciudad a través de sus brillantes conferencias de antropología poética. No obstante su labor de quijote solitario, vio naufragar la arcadia en medio de la indiferencia de sus contemporáneos. Luciano Rivera, con sus charlas krishnamurtianas propició el encuentro del individuo consigo mismo en contraposición de aquellos preocupados sólo por la transformación del mundo, como si los seres humanos se rigieran únicamente por relaciones objetivas. Ricardo Quintero, a través de su cultura, lucidez y constante inquietud, animó la conciencia crítica de la ciudad, sin perder de vista la síntesis necesaria entre pasado, presente y porvenir. Víctor Paz Otero, por su parte, encarnó la conciencia histórica y crítica de Popayán, en un lenguaje delirante y lleno de belleza, cargado de ironía y resentimiento frente a un pasado histórico de voraces apetitos personales y un presente sin grandeza; sentimientos que recuerdan antiguas rencillas partidistas, que en su momento se resolvieron con la espada.

Este grupo de pensadores, fieles al “posteris lumen moriturus edat” (El que ha de morir deje una luz a la posteridad) no estaría completo si no mencionáramos a tres artistas de constante presencia en el quehacer cultural de fin de milenio en Popayán, como protagonistas y mecenas de la cultura, éstos son: Guido Enríquez, de amplios conocimientos humanísticos y cultor de la poesía moderna y de género festivo, en la mejor tradición payanesa de las últimas generaciones; Gloria Cepeda Vargas, la poeta más reconocida en nuestro medio, quien abrió el camino a una nueva generación de mujeres escritoras, hoy integrada al grupo Amaltea, junto a Matilde Eljach, Hilda Inés Pardo, Mary Edith Murillo y Luisa Fernanda Bossa, estas últimas de exitosa participación en recientes versiones del concurso de poesía femenina de Roldanillo, Valle. Igual de importante fue el aporte de Eduardo Rosero Pantoja, lingüista, escritor, y cantautor, por haber puesto su talento musical al servicio de los escritores con generosidad sin par. Su voz lírica, llena de nostalgia, tuvo la versatilidad para cantar toda clase de ritmos del folclor nacional y latinoamericano, aun en lengua vernácula. (Continuará).


 
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(Archivo recuperado de mi blog POPAYÁN NUEVA ÉPOCA) 

CONTEXTO Y POÉTICA
Por: Omar Lasso Echavarría
Especial para El Liberal
Domingo, 14 de junio de 2009


El terremoto de 1983 y la Constitución de 1991 no sólo cambiaron la fachada y el inquilinato institucional en Popayán, sino también el imaginario urbano, con nuevas expresiones sociales, culturales, políticas y económicas. Digamos que el sismo del 31 de marzo, despertó una conciencia espiritual distinta, entendido esto como caos generador de otro orden. Sin embargo, este acontecimiento telúrico no hubiera sido suficiente sin la reforma constitucional del 91 que reordenó las fuerzas sociales al invertir en cierta forma la pirámide política.

A partir de la reconstrucción de la ciudad hubo terreno abonado para muchos proyectos sociales, económicos, políticos y culturales. La producción literaria e intelectual se vio favorecida en una primera etapa a través de la creación de los Fondos Mixtos de Cultura regionales mediante los cuales se descentralizó la administración del Ministerio de Cultura de acuerdo con una más equitativa distribución de recursos. Estas entidades inicialmente apoyaron todas las expresiones artísticas e intelectuales, mediante diversas convocatorias y becas de trabajo. Posteriormente, con la llegada de Consuelo Araujo Noguera (la Casica) a la dirección del Ministerio de Cultura, y un poco antes con Ramiro Osorio, quien implementó políticas de apoyo para el sector cultural tomando como referente la experiencia mexicana, el proceso dio un viraje hacia el campo folclórico, que ahora intenta saldar la deuda histórica acumulada durante muchos siglos de exclusión y discriminación con las minorías étnicas del país.

Aparte de ello, en Popayán se dio un campo abonado para la creación literaria por su tradición de ciudad culta, por las contradicciones que salieron a flote y gracias al liderazgo en el campo educativo de profesores como Donaldo Mendoza y sus colaboradores en el colegio INEM, que a través de sus cátedras literarias, del trabajo en equipo y del periódico “Reconstrucción” dieron voz a una nueva generación en cierne de sectores humildes de la ciudad de Popayán, de donde ha egresado el mayor número integrantes del movimiento poético que ahora se destaca.

Luego, en la Universidad del Cauca se tuvo la fortuna de contar con la presencia del poeta más grande de Colombia, Giovanni Quessep, quien con su presencia pletórica de sensibilidad, espiritualidad y solvencia intelectual se convirtió en referente y guía no solamente para esa generación que dio sus pininos en el INEM, sino para el conjunto de Popayán que volvía a ser foco de atención nacional e internacional. A todo ello hay que sumar la creación de la revista de poesía “Ophelia” que integró a los poetas y organizó eventos de talla local, nacional e internacional como el “Encuentro de poesía Ciudad de Popayán” que alcanzó cerca de 10 versiones con invitados de calidad, esto gracias al apoyo interinstitucional de entidades comprometidas con el sector educativo y cultural como es el Banco de la República.

El grupo de bardos que componen la generación nueva de poetas en Popayán (en especial, Carlos Illera, Francisco Gómez Campillo, Felipe García Quintero, César Samboní, Edgar Caicedo, Marco Valencia e Hilda Inés Pardo) es vástago de una época llena de contradicciones, lo suficientemente vigorosa como para confrontar, desde lo poético, valores todavía dominantes, aunque con poca conciencia política y sin ninguna experiencia partidista. En tanto hecho literario, cultural y sociológico es un grupo que muestra solidez e identidad de conjunto, aunque sus poéticas tengan un sello muy personal. Es así, por ejemplo, que algunos conservan el tono lírico y confesional; otros, un tono coloquial cercano a la prosa. Sin embargo, comparten valores como la rebeldía frente a los símbolos tradicionales.

Este grupo se caracterizan también por la confrontación individual frente a la existencia, importándoles “su verdad”, en calidad de sujetos, fragmentados por diversos aspectos de orden familiar y social, y la búsqueda de un lenguaje propio. En su mayoría son poetas de provincia o de modesta condición socioeconómica, que se rebelan en el canto contra su propia condición de vida, frente a una sociedad tradicional en crisis, tanto en sus imaginarios como en la pérdida de poder económico y sociopolítico, en un proceso de reacomodo de nuevas fuerzas sociales con imaginarios distintos.

Se trata de una generación de voces emergentes que ponen de manifiesto la nueva situación de la ciudad, dominada por diversos actores sociales llegados de la provincia caucana después del terremoto, y por la estampida progresiva de los payaneses raizales a ciudades de mayor progreso. Este cambio social generó una dinámica distinta en la ciudad de Popayán, tras el surgimiento de nuevos fenómenos urbanos, propios de grandes ciudades: cinturones de miseria, delincuencia organizada, pandillismo, narcotráfico, consumo de estupefacientes, mendicidad generalizada, desplazamiento forzado desde zonas de conflicto, etc.

Tales fenómenos, ya comunes en nuestro país y agravados durante las dos últimas décadas, transformaron aceleradamente pueblos y ciudades, alterando las identidades sociales e individuales. Estos cambios, no obstante, generaron condiciones favorables a la creación estética. Uno de ellos fue el surgimiento de lo anónimo como categoría despersonalizadora de la sociedad entre sujetos que ya no se reconocen. La problematización de la existencia, tras la disolución de la identidad, condujo a indagar sobre la identidad de lo que somos en un contexto donde se desestabilizaron los roles sociales.

A ello hay que agregar la liberación extrema del individuo por obra y gracia de la sociedad de consumo y la cultura de masas, a través del poder omnipresente de los medios de comunicación, que mediante el recurso de lo libidinal explota toda clase de necesidades del cuerpo y del alma. Por este camino hemos arribado al punto en que la irreverencia ya no escandaliza, como resultado de la relativización de todos los valores; por el contrario, es el alimento de una sociedad vertiginosa, en la que toda novedad envejece al instante.

Complementan este conjunto de aspectos sociológicos y políticos otro de importancia fundamental: la pérdida de poder espiritual y social de la Iglesia Católica, ante la diáspora de sus feligreses, captados por numerosos movimientos sociales de inspiración protestante.

Dicha generación, iniciada cronológicamente por Carlos Illera (Popayán, 1957-1999) se ubica en el punto de transición de la Perestroika que dio origen a una nueva época de corte nihilista, retomando el camino de los poetas malditos, caracterizada por un resurgimiento de la libertad recobrada, una vez aflojada la pretina soviética que conllevó la caída del muro de Berlín. En nuestro medio se refleja en un cambio de referentes culturales expresado en dos ejemplos, el de la librería “El Zancudo” de vocación predominantemente política orientada a la izquierda y el de la librería “Macondo Libros Arte y Tertulia” que desbloqueó la rigidez de pensamiento imponiendo el nuevo espíritu lúdico de la época. También se da una nueva apropiación del Parque Caldas, retocado en su piso, el cual se constituyó en asiduo punto de encuentro de la bohemia literaria. Tantos factores reunidos que detallaremos en próximas entregas conllevaron el inicio de una modernidad tardía en Popayán semejante, quizá, guardando las proporciones y diferencias de circunstancia, a la modernidad literaria creada en Francia, un siglo atrás, por Rimbaud y Baudelaire a la cabeza de los llamados poetas llamados “malditos” por haber confrontado los valores sagrados del statu quo; algo similar ocurrió en Popayán con los poetas de la generación posterremoto.
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