Algún tecnócrata propondría liquidarlos y donar el contenido a algún museo nacional, como ocurrió hace poco en nuestra ciudad, respecto a una biblioteca de archivo.
LA SOLUCIÓN CORRECTA ES INSUFLARLES NUEVA VIDA. CÓMO? ABRIENDO EL ESPACIO AL AMBIENTE DE TERTULIA INFORMAL, LECTURA Y ESCRITURA, CON MOBILIARIO REQUERIDO Y EL INDISPENSABLE SERVICIO DE WIFI. Se podrían instalar pequeñas licalidades para alquilar a los intelecturales interesados en tener una estación distinta de trabajo. Para garantizar la seguridad se podría contemplar la posibilidad de afiliar a los usuarios.
Los museos no deben tener similar tratamiento al de un cuadro colgado en la pared. Es conveniente convertirlos en estructuras vivas que alimenten el espíritu de una ciudad, estableciendo puentes entre lo antiguo y lo nuevo.
Los lectores, escritores y personas cultas de Popayán reclaman espacios distintos a los escolares. Tales espacios no existen en la supuesta ciudad culta. Las fundaciones y museos culturales son aqui espacios cerrados con cancerbero a la entrada, protegiendo un patrimonio de cripta.
Los objetos valiosos que guardan han perdido valía en razón de la desmaterialización de la cultura, por obra y gracia de la tecnología digital e Internet, al poner casi toda la información al alance de la mano. Esos museos, grandes estructuras físicas, que consumen ingentes recursos en funcionamiento, servicios, vigilancia, etc. no se corresponden con el pobre uso que se hace de ellos, comprobable si se llevara una estadística diaria de visitas. De tal modo, que dichos lugares se han convertido en el símil exterior de lo que guardan, sin interés para casi nadie, a excepción de algún académico o especialista.
La ciudadanía ya no se reconoce en ellos; lo que atesoran tampoco apuntala ya ninguna idea de ciudad o de nación. Más bien, reflejan valores opuestos a una sociedad que se estandarizó por abajo, en función de la pragmática económica; ante la cual surge la burda pregunta: y eso para qué sirve?
Los museos de Popayán, igual que en otras partes de nuestro país y del mundo, se enmohecen al paso veloz de nuestra época bajo el predominio de valores materiales y frívolos, jalonados por el consumismo galopante impuesto por la globalización.
Esa experiencia de vértigo que viven las nuevas generaciones amputó la vida cultural, llámese historia, arte, literatura o música culta. Se habla de fin de la historia, como horizonte de sentido, de contracultura, de fin de las vanguardias o de muerte del arte, y en música culta asistimos a la transformación del género por la incorporación de elementos característicos del espectáculo de masas.
En razón de lo anterior, las instituciones deben complementar su rol ante las nuevas circunstancias y exigencias del presente.
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LA SOLUCIÓN CORRECTA ES INSUFLARLES NUEVA VIDA. CÓMO? ABRIENDO EL ESPACIO AL AMBIENTE DE TERTULIA INFORMAL, LECTURA Y ESCRITURA, CON MOBILIARIO REQUERIDO Y EL INDISPENSABLE SERVICIO DE WIFI. Se podrían instalar pequeñas licalidades para alquilar a los intelecturales interesados en tener una estación distinta de trabajo. Para garantizar la seguridad se podría contemplar la posibilidad de afiliar a los usuarios.
Los museos no deben tener similar tratamiento al de un cuadro colgado en la pared. Es conveniente convertirlos en estructuras vivas que alimenten el espíritu de una ciudad, estableciendo puentes entre lo antiguo y lo nuevo.
Los lectores, escritores y personas cultas de Popayán reclaman espacios distintos a los escolares. Tales espacios no existen en la supuesta ciudad culta. Las fundaciones y museos culturales son aqui espacios cerrados con cancerbero a la entrada, protegiendo un patrimonio de cripta.
Los objetos valiosos que guardan han perdido valía en razón de la desmaterialización de la cultura, por obra y gracia de la tecnología digital e Internet, al poner casi toda la información al alance de la mano. Esos museos, grandes estructuras físicas, que consumen ingentes recursos en funcionamiento, servicios, vigilancia, etc. no se corresponden con el pobre uso que se hace de ellos, comprobable si se llevara una estadística diaria de visitas. De tal modo, que dichos lugares se han convertido en el símil exterior de lo que guardan, sin interés para casi nadie, a excepción de algún académico o especialista.
La ciudadanía ya no se reconoce en ellos; lo que atesoran tampoco apuntala ya ninguna idea de ciudad o de nación. Más bien, reflejan valores opuestos a una sociedad que se estandarizó por abajo, en función de la pragmática económica; ante la cual surge la burda pregunta: y eso para qué sirve?
Los museos de Popayán, igual que en otras partes de nuestro país y del mundo, se enmohecen al paso veloz de nuestra época bajo el predominio de valores materiales y frívolos, jalonados por el consumismo galopante impuesto por la globalización.
Esa experiencia de vértigo que viven las nuevas generaciones amputó la vida cultural, llámese historia, arte, literatura o música culta. Se habla de fin de la historia, como horizonte de sentido, de contracultura, de fin de las vanguardias o de muerte del arte, y en música culta asistimos a la transformación del género por la incorporación de elementos característicos del espectáculo de masas.
En razón de lo anterior, las instituciones deben complementar su rol ante las nuevas circunstancias y exigencias del presente.






